Por: Marsha Beya Rubyn, Comisionada Internacional de los Derechos Humanos y Migración de las Américas y el Caribe.

El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales.

Aquel hito histórico dio origen a que la ONU proclamara esta fecha como el Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia, Bifobia y Lesbofobia (IDAHOT).

El objetivo primordial era, y sigue siendo, garantizar el respeto a los derechos humanos de la diversidad sexual y de género.

Sin embargo, a más de tres décadas de distancia, el estigma y la discriminación persisten de manera alarmante: hoy en día, cerca de 70 países en el mundo continúan criminalizando la diversidad.

En nuestro contexto local, las cifras son desgarradoras.

Organizaciones como Letra S reportan que más de 60 personas de la diversidad de género fueron asesinadas en 2025, siendo las mujeres trans las principales víctimas.

La tendencia no cede; en lo que va de 2026, ya se contabilizan 16 transfeminicidios. Ante esta realidad, México se mantiene como el segundo país a nivel global con mayor índice de crímenes de odio, un entorno hostil donde la esperanza de vida de una persona trans es de apenas 30 años.

Aún nos enfrentamos al racismo, el clasismo y la discriminación sistémica en los sectores público, privado y social.

Por ello, en mi calidad de Comisionada Internacional de los Derechos Humanos y Migración, reafirmo mi compromiso de seguir impulsando políticas públicas incluyentes, transversales y diversas.

Es urgente reparar la deuda histórica que el Estado y la sociedad tienen con nuestro sector en materias fundamentales como seguridad, justicia, salud, vivienda y un empleo digno y bien remunerado.

Esta lucha es por todas, todos y todes: nuestras hermanas y hermanos migrantes, afrodescendientes, indígenas, personas en reclusión, en situación de calle, trabajadores sexuales, adultes mayores y personas con discapacidad.

No puede existir justicia social si no hay justicia en los derechos de la diversidad sexual.

Mantendré firme esta batalla hasta el último día de mi existencia, hasta lograr que la justicia, los derechos, las libertades y la dignidad se vuelvan, por fin, una costumbre.

Hoy honramos y recordamos a nuestr@s herman@s que trascendieron dejando una huella imborrable en nuestra historia:

Agnes Torres, Samantha Fonseca, Dra. Elizabeth Montaño, Alba Ramón, Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera, Alexxa Flores, Paola Ledezma, Veritto Mazón, Sara Mireley, Ociel Bahena «Le Magistrade», Lupita Xiuh, y tantas almas más que partieron buscando un lugar libre de estigma donde pudieran desarrollarse plenamente.

¡Nos queremos vivas, libres y diversas!
¡Alto a la limpieza social de la diversidad y de los grupos más vulnerados de la sociedad!
¡Las vidas diversas también importan!

Como bien decía Martin Luther King: “Hemos aprendido a volar como las aves, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido a vivir como hermanos”. Podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán el movimiento de la diversidad ni la primavera trans.

**Las opiniones aquí expuestas representan a la autora de la columna.

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