Por Dorian Gren
Ser joven y trans en México es crecer mientras otras personas discuten tu existencia como si fuera un tema ajeno y no la vida de alguien real. Es descubrirte al mismo tiempo que escuchas opiniones sobre cómo debería verse tu cuerpo, qué nombre deberías usar o si mereces ser respetado.
A veces siento que muchas personas trans aprendimos primero a mirarnos desde el juicio de los demás antes de poder reconocernos a nosotros mismos.
Yo tenía quince años cuando entendí que era un hombre trans y aunque ponerle nombre a lo que sentía me dio tranquilidad, también me hizo consciente de algo más grande: después de entender quién eres, viene la parte difícil, existir así frente al mundo.

Crecí en una generación donde internet se convirtió en refugio y espejo. Muchos encontramos respuestas viendo videos, leyendo historias o siguiendo a otras personas trans que se atrevían a hablar de sí mismas públicamente. Antes de eso, parecía que simplemente no existíamos.
Y aunque esa visibilidad nos ayudó a encontrarnos, también nos expuso más. De pronto nuestras vidas empezaron a convertirse en debate político, comentario de redes sociales y tendencia para personas que nunca han tenido que pensar si serán cuestionadas al entrar a un baño o presentarse en un salón de clases.
Y creo que eso importa porque muchas veces las narrativas sobre las personas trans solo hablan del dolor, como si nuestra existencia estuviera condenada a contarse únicamente desde la tragedia. Pero ser trans también ha significado encontrar comunidad, amistad y memoria.

Ha significado entender que mi cuerpo nunca estuvo equivocado, solo estaba intentando existir en una sociedad que todavía se incomoda con todo lo que no logra entender fácilmente.
Y claro que hay cansancio en tener que explicarte constantemente, en corregir pronombres, en prepararte mentalmente antes de conocer gente nueva, pero también hay resistencia en seguir aquí.

En nombrarte aunque dé miedo, en ocupar espacio, en dejar de sobrevivirte para empezar a vivirte. Ser joven y trans en México hoy implica muchas cosas, pero sobre todo implica negarse a desaparecer para hacer sentir cómodos a los demás.
Porque después de tantos años intentando encoger el cuerpo, llega un momento en el que entiendes que existir también puede ser una forma de dignidad.




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