Soldados de la Primera Guerra Mundial descansan en la misma tumba

Emil Müler y Xaver Suner, dos soldados del Imperio Austrohúngaro que prestaron su servicio en la Primera Guerra Mundial descansan hoy en la misma tumba en un cementerio en memoria de los combatientes.

La conmovedora historia fue descubierta por el dramaturgo español Guillem Clau, durante sus vacaciones en Sighisoara, una comunidad en Rumanía, y la dió a conocer por medio de sus redes sociales.

Según cuenta el dramaturgo, en un principio las personas de la comunidad decían que Emil y Xaver fueron amigos, y esa es la razón por la que estaban enterrados juntos. Al realizar una investigación, y gracias a la descendencia de la familia Müler y de Hermann Balan, un fallecido alcalde del pueblo en los años 50, fue que conoció la historia:

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Emil y Xaver Foto: @guillemclau

Emil y Xaver eran amigos de Hermann Balan en el instituto, pero Hermann al sentir que la amistad entre sus dos amigos se iba estrechando casi al terminar el instituto hacia 1912 se distanciaron de él.

«El pobre no entendía por qué. Hasta que un día lo descubrió, lo contó a sus padres y la noticia no tardó en llegar a las familias de Emil y Xaver.»*

A consecuencia de esto Emil fue enviado a estudiar a Munich a orden de su padre Herr Muler, mientras Xaver permaneció en Sighisoara.

Dos años después estallaría la Gran Guerra, en la que los «amigos» fueron combatientes, «Xaver en el norte, al frente de Varsovia, y Emil defendía las posiciones transilvanas contra Serbia.»*

En 1915, Emil volvía de la guerra seriamente lastimado a causa de la bomba cloro que le afectó sus pulmones. «La noticia llegó a Xaver, que aún estaba en el frente. El chico hizo todo lo posible por volver a verle antes de que Emil muriera, pero no fue relevado hasta mediados de 1916.»*

A su regresó en Sighisoara, Xaver intentó ver a Emil, pero los padres de este impidieron que el encuentro se llevará a cabo, incluso negaban que su hijo volvió de la guerra.

En su perseverancia por ver a Emil, «Xaver se plantó en la esquina bajo la ventana de Emil. Iba allí cada día y se pasaba horas con la esperanza de que Emil tuviera fuerzas para levantarse de la cama, mirar al exterior y verle. Y para entretenerse, pintaba el mismo cuadro una y otra vez.»*

Casa de Emil Foto: guillemclau

Durante ese tiempo, el amigo de ambos, Hermann volvió a Sighisoara, encontró a Xaver en la espera de saber de Emil, imagen que le remordió la conciencia; intentó disculparse con su ex amigo, más Xavier no lo perdonó y le rompió la nariz.

Hermann abogó frente a la familia de los Müler para permitir un último encuentro entre los chicos, los padres se negaron y le entregaron una carta dirigida a Emil escrita por Xaver, pidiéndole estos que se la devolvieran a su remitente.

«Se guardó la carta y en cuanto tuvo ocasión pidió ver a Emil. En la habitación que ya conocemos, Hermann pidió perdón a su amigo del instituto y, junto a su lecho, le leyó la carta de Xaver en un susurro.»*

«Querido Emil,

Tus padres no permiten que nos vemos. Recurro a esta carta para escribir lo que jamás he sido capaz de decirte. Quiero que sepas que te quiero. Sí, Emil, te quiero. Nos habían enseñado que lo nuestro no era amor, pero me he dado cuenta de que lo era.

Lo que tú y yo hemos tenido es el amor más verdadero que he sentido jamás. Por eso no quiero perderte sin decírtelo. Te quiero desde el primer día que entramos en el instituto y nos escapamos al cementerio a fumar un cigarrillo.

Te quiero desde el día que me calentaste las manos con tu aliento porque yo había perdido los guantes. Te quiero desde ese beso en el establo de los Sander. Te quiero tanto que la idea de volver a verte fue lo único que me mantuvo vivo en las trincheras serbias. Bastaría con mirarme a los ojos para que lo entendieras. Ojalá pudieras. No harían falta palabras. Nos miraríamos y volveríamos a ser niños en los pasillos del instituto, antes de la muerte, antes de las bombas, antes de los viejos en los que nos ha convertido todo este odio.

Por eso hace meses que estoy bajo tu ventana, para verte otra vez, aunque solo sea un instante. Para que tu sonrisa vuelva a hacerme creer que nuestro amor lo significó todo y arrojó algo de luz en este siglo que ha nacido muerto. Te quiero y pase lo que pase, siempre estaré contigo.

Tuyo, Xaver.»*

Una carta a Emil Muler. Foto: @guillemclau

«Cuando Hermann acabó de leer la carta, los dos amigos lloraron. Emil, casi sin voz, le pidió que le ayudara a levantarse, estaba tan débil que parecía que no sería capaz ni de llegar hasta la ventana, pero lo consiguió.

Descorrió las cortinas, miró al exterior y por primera vez en años de horror su rostro estalló en una sonrisa, porque ahí abajo en la calle estaba Xaver devolviéndole la mirada. Porque el hombre que amaba le había dicho te quiero por primera vez y él le estaba respondiendo, muy flojito, con su aliento empañando el cristal de la ventana. Y así es como Xaver lo pintó en su último cuadro.»*

Esa misma noche, un 12 de diciembre de 1916, Emil Müler falleció. Tenía 22 años. Fue enterrado en el panteón familiar.

Xaver se presentó en la ceremonia de entierro de Emil para darle el último adiós, pero no pudo hacerlo. Herr Müler se plantó delante de él y lo expulsó del lugar. «Xaver suplicaba entre lágrimas que sólo quería despedirse. Por toda respuesta, el padre de Emil lo lanzó al suelo y le propinó varias patadas.«*

Xaver Sumer se levantó como pudo y juró que jamás volvería a Sighisoara, regresó a la guerra. Murió el 26 de septiembre de 1917, la causa: suicidio. Enterrado en Oradea.

Tuvo que pasar la Segunda Guerra Mundial con algunos años extras para que los cuerpos pudieran descansar en la misma tumba, la del memorial. El responsable de ello fue Hermann, el eterno amigo, quien consiguió las autorizaciones y permisos para trasladar los cuerpos a un nuevo cementerio, manteniendo su plan de sepultarlos juntos en secreto.

Una vez inaugurado el Memorial, y que él padre de Emil se dio cuenta que en la misma tumba descansaban su hijo y Xaver, reclamó a Hermann, quien lo confrontó y pronunció:

“Yo maté a mis mejores amigos mucho antes de que lo hiciera esa horrible guerra. Y usted fue cómplice de ello. Todos lo fueron. Es hora de permitirles descansar en paz de una vez, juntos, como tendrían que haber vivido y como héroes de algo mucho más valioso que una guerra.»

Cementerio de Sighisoara Foto: @guillemclau

Esta es la historia descubierta por Guillem Clua, quien dio detalle a detalle de los descubrimientos, reacciones de los descendientes y todo el trabajo de investigación en el siguiente hilo de Twitter:

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* Todas las citas que aparecen entre comillas son los tweets de Guillem retomados literalmente.