Entre Franjas: «Salir del clóset en América Latina» por Jazz Bustamante

No estás obligado(a) a salir del clóset si eres una persona heterosexual, pero para las personas LGBTTTI+, hacerlo es un proceso de valentía que puede costarnos la vida. 

A pesar de que hoy en día salir del clóset es un poco “más fácil”, la violencia contra las disidencias sexuales también es mucho más visible debido a la difusión de información a través de nuevas tecnologías, como las redes sociales.

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Foto: elpais.com

Además, no hay que perder de vista el aumento de discursos ultraconservadores emitidos por organizaciones religiosas que quieren recluirnos en la clandestinidad y patologizarnos. Sus posturas cada vez son más radicales. Tal es el caso de las declaraciones del pastor Ronald McGarrel en Guyana, quien dijo que los homosexuales deberían vivir en una isla para evitar la «ira divina».

A principios de 2020, el mismo pastor declaraba que no quería encerrar a los homosexuales ni enviarlos a la cárcel, pero que su papel en la sociedad era «educarlos y redimirlos». Recordemos que Guyana es el único país de América del sur donde aún se sanciona la homosexualidad en los hombres (el lesbianismo no se sanciona). Una ley que data del año 1893 legitima la persecución y ataques a homosexuales. 

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Foto: laprensa.hn

Muy cerca de México, en Belice, la homosexualidad dejó de ser un delito apenas en 2016. Antes, pertenecer a la comunidad LGBTTTI+ se sancionaba con hasta 10 años de cárcel.

En el Caribe, gracias al litigio estratégico del activista Jason Jones, la jueza Devindra Rampersad de la Suprema Corte de Trinidad y Tobago declaró inconstitucionales las secciones 13 y 16 de la Ley de Delitos Sexuales el 12 de abril del 2018

Foto: agenciapresentes.org/

Actualmente, Jamaica y Guyana son los únicos países en América Latina y el Caribe donde aún se sanciona  la homosexualidad. Jamaica es considerado uno de los países más hostiles en el mundo para las disidencias sexuales. Pero en 2015, en Kingston, se dio una explosión de arte y se realizó una reunión en un parque que fue considerada como la primera manifestación del Orgullo en dicho país. 

¿Pero qué sucede con los países centroamericanos? En Honduras los ataques a los LGBTTTI+ y activistas van en aumento cada año. En El Salvador se legitima el discurso de odio a través de las declaraciones del actual presidente Nayib Bukele, quien públicamente ha afirmado que está encontra del matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto, al tiempo que hace gala de sus creencias personales religiosas. La Federación Salvadoreña LGBTI ha expresado su preocupación por las constantes declaraciones del presidente y le ha pedido respetar el Estado laico. 

Foto: may17.org

En México, a pesar de existir un marco normativo que no criminaliza a los gays, trans, lesbianas, bisexuales, queer e intersex, suceden atroces asesinatos, siendo las mujeres trans y hombres gays la mayoría de las víctimas. Sin embargo las lesbianas, hombres trans o queer no la libran; también hay reportes de casos. 

El actual presidente mexicano, López Obrador, llegó al poder con un partido nombrado de izquierda. No obstante, hace constante alusión de sus creencias religiosas con citas bíblicas y estampas de santos. A la par ha posado con la bandera multicolor en eventos públicos en algunas ocasiones.

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Foto: infobae.com

Por otro lado, con la pandemia de Covid-19, en países como Colombia, Nicaragua, Argentina, Chile, Perú, Bolivia y Brasil se han reportado decenas de casos de discriminación institucional y crímenes de odio por identidad de género u orientación sexual de las víctimas.

¿Porque toda esta reflexión sobre la violencia en América Latina y el Caribe? Porque estar en el clóset en varios de estos países puede ser una estrategia para preservar la vida.

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Foto: france24.com

Por ello, hoy que vi a muchas personas en varias partes del mundo postear alegremente sobre visibilidad y mostrar quiénes son, quiero pedir que no olvidemos que a muchas y muchos de los nuestros en varios países aún les siguen asesinando, torturando y encarcelando institucional o socialmente por tener alguna identidad de género u orientación sexual no normativa. 

Por eso el cabildeo político y litigio estratégico tienen que seguir siendo una herramienta para nuestro beneficio. También hay que tener muy claro que salir del clóset es un posicionamiento político individual y tendremos una victoria real cuando ninguna persona disidente sexual tenga que decir su orientación sexual o identidad de género al igual que las personas del sistema, que no tienen que declararlo o luchar para acceder a los mismos derechos.

Mientras tanto, quiero decirles que soy Jazz, una mujer transgénero pansexual.

**Las opiniones aquí expuestas representan a la autora de la columna.